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Víctor. Edad 25

Aún recuerdo mucho de mi etapa adormecida. Era un chico como otro cualquiera de España, con unas creencias y unas ideas obsoletas. Sin vocación, sin dinero y sin esperanza. Y aunque en reuniones sociales con familia o con amigos nunca mostraba mis inseguridades…no las hacía menos ciertas.
Acabé dando mi brazo a torcer y asumí que nada iba bien en mi vida, así que con ayuda de mi padre conseguí la oportunidad de contactar con una persona muy especial. ‘‘¿Quieres un consejo? Llama a este número.’’ Esas palabras cambiarían mi vida de manera irreversible.

Conocí a Eduardo en una de mis horas más bajas, pero desde el primer momento él se encargó de iluminar un poco mi corazón. En sus ojos podía contemplar el entusiasmo y la pasión de esa persona que sabe un secreto de extrema valía y está dispuesto a contártelo si le das la oportunidad. ‘Hay dos tipos de personas’ me dijo, ‘Los que pertenecen al 97% y los que se encuentran en el 3% restante’. Aquello me impactó, estaba seguro de que el 97% al que se refería eran personas como yo, debilitadas por las pésimas enseñanzas y deprimentes creencias que le interesa a la sociedad inculcarte. Pero aquel otro 3% del que hacía mención me intrigaba. Personas que viven bajo sus propios designios. Gente que elige desarrollarse no sólo profesionalmente sino como seres humanos. Individuos que son capaces de encontrar el modo de vivir una vida plena y con sentido.

Desde que empecé el proceso de desarrollo personal junto a Eduardo mi vida ha mejorado en todos los aspectos posibles. Su intervención en existencia es un punto de inflexión que recordaré siempre. Sus enseñanzas perdurarán y me acompañarán allá donde vaya. Sin duda alguna el viaje que inicié acompañado y guiado por Eduardo es una herramienta, una experiencia que toda persona tendría que poder añadir a su vida.

Muchas gracias Eduardo.

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